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una habitación propia

  • Foto del escritor: Nerea Lorenzo
    Nerea Lorenzo
  • 19 feb
  • 2 Min. de lectura

Mi abuelo era un gran lector. Le recuerdo siempre libro en mano, devorando, sobre todo, novelas históricas y de la Guerra Civil española. Mi abuela se escondía en el baño para leer los tebeos de sus hijos; sentía que era un lujo que no podía permitirse, aun habiendo ya terminado "sus labores". A vista de todos leía alguna revista, pero, hablándolo con mi tía, llegamos a la conclusión de que, sin duda, su género literario favorito siempre ha sido el de los prospectos médicos. Los analiza, subraya y estudia a fondo, decidiendo inmediatamente después que esa pastilla tampoco se la va a tomar. Si es para quitar el dolor de cabeza y en el punto 3.1. pone que, como efecto secundario, "puede provocar dolor de cabeza", ¿para qué me la tomo? De una lógica aplastante, la verdad.


Siempre ha sido una adelantada a su época. Me hablaba sobre su vida con tristeza y enfado, consciente de la injusticia que padecieron las niñas de la guerra, las mujeres de la posguerra. De novios, tu abuelo se fue a la mili, y durante los meses que estuvo fuera yo no fui a ninguna verbena. No se podía salir a bailar sola, con tus amigas. Yo la escuchaba y no me lo podía creer.


Trabajó de costurera. Qué orgullo sentía al pensar que mi abuela no había sido “solo” ama de casa… “Solo”. Como si alguna familia, empresa, economía o país se hubiera podido sostener nunca, a lo largo de la historia, sin las amas de casa. Sin tener la casa limpia, la comida hecha, la ropa planchada y los hijos atendidos no se puede dirigir una empresa ni un país, ni siquiera pasarte la tarde tranquilamente en el bar a “chatos” y guiñote.


No sé si a mi abuela le gusta leer. Tampoco si ha tenido alguna otra afición. Sé que solo tuvo una amiga en toda su vida, porque lo dice siempre. Pero, ¿se puede tener amigas, aficiones, ocio, cuando no tienes tiempo ni libertad? Mi abuela encontró en las manualidades esa habitación propia de la que habla Virginia Woolf. Su arte es la costura y el reciclaje, y todas nuestras casas albergan en sus rincones sus obras maestras.


No puedo devolverle a mi abuela la libertad, el tiempo y el ocio que le negaron. Ojalá. Pero, en su honor, disfrutaré del mío como siempre nos ha dicho que hagamos. De momento, este “finde” me voy de viaje con mis amigas y dejo a mi marido en casa con, al menos, dos lavadoras por poner y una hija que atender y alimentar. Sus labores, vamos.

 
 
 

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