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JUVENTUD, DIVINO TESORO

  • Foto del escritor: Nerea Lorenzo
    Nerea Lorenzo
  • 16 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 6 feb

No, Manolo. Los jóvenes de hoy en día no son unos vagos maleantes que no quieren trabajar. Y no, María Jesús, tus hijos adolescentes no están enganchados al móvil, al menos no más de lo que lo estás tú. Sí, José Antonio, hablan algo raro, pero no te escandalices, que no eres su bro y no tendrás que interactuar mucho con ellos; lo más probable, de hecho, es que les des algo de cringe. Y sí, Aurora, las letras de la música que escuchan son escandalosas, no como las míticas de tu época, que eran todo filosofía…


Qué capacidad tiene el ser humano de olvidar el pasado. O, mejor dicho, qué capacidad tenemos para predicar que nosotros, de jóvenes, éramos mucho mejor de lo que lo son ahora. Y esto es un patrón que se repite de generación a generación, una tradición tan instaurada como las doce uvas el 31 de diciembre o soplar las velas en tu cumpleaños. Cuando empezamos a peinar canas hay una fuerza interior que nos empuja a soltar LA FRASE, acompañada, claro, con un pequeño movimiento de cabeza de lado a lado y un tono entre acusatorio y apenado: “es que los jóvenes de hoy en día…”. Puedes completarla o puedes no hacerlo, dado que es en sí misma toda una afirmación. Éramos más trabajadores, teníamos un mejor lenguaje, escuchábamos música buena y no ese reggaetón que les atrofia el cerebro, respetábamos más a nuestros padres y profesores y no estábamos pegados al móvil todo el día, sino que salíamos en la calle, leíamos y nos relacionábamos cara a cara.


Pues permitidme, boomers y millennials (sí, lo siento, ya estáis aquí), deciros alguna cosa. Que los jóvenes no estén dispuestos a trabajar doce horas al día y exijan que se cumplan unas condiciones de conciliación no es ser unos vagos. Que a golpe de regla en el colegio no se ganaban los profesores nuestro respeto, sino nuestro miedo, y que retar a tus padres es y ha sido siempre deporte nacional. Y el “temazo”: el móvil. Solo echad un vistazo a vuestro alrededor y decidme quién no está enganchado a este pequeño electrodoméstico. La diferencia es que ellos a veces no son capaces de encontrar otras alternativas de ocio; ayudémosles a buscarlas, tal y como hicimos en nuestra adolescencia sin pantallas.


Ah, y vuestros padres también pensaban que hablabais raro y escuchabais una música horrible. Creedme.



Publicado el 16 de enero en el periódico La Comarca

 
 
 

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