DONDE DIJE DIGO
- Nerea Lorenzo
- 21 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb

Me compré muchos libros sobre maternidad y educación cuando estaba embarazada. Aún no me he leído ninguno. Supongo que tenerlos en la estantería y ver sus títulos imponentes me da seguridad: Familias Inteligentes, Palabra de madre, Educar en el asombro, Mamá desobediente… Nosotros siempre hemos querido hacerlo bien. Bien no, perfecto. Y de las palabras de la matrona, de la pediatra, y de tantos y tantos reels de Instagram, extrajimos un sinfín de pautas y conocimientos sobre cómo criar (y cómo no hacerlo).
Existen los Diez Mandamientos de la maternidad millennial. Estos son los que te guían durante el primer lustro de vida, más o menos: alabarás la lactancia materna; la teta será a demanda por los siglos de los siglos; respetarás las “ventanas del sueño” sobre todas las cosas; NO les darás azúcar; NO les expondrás a ningún tipo de pantalla; NO amenazarás con premios o castigos para conseguir un fin; harás que razonen y comprendan cada una de tus peticiones (nunca órdenes) y evitarás siempre el “porque yo lo digo”; NO les obligarás a dar dos besos a ninguna persona; analizarás cada juguete y libro antes de dárselo para asegurarte de que es educativo, y predicarás para que todas las personas del entorno de tu hijo/a cumplan estos Mandamientos.
Ahora, que estoy embarazada de nuevo, quiero hacerlo, al menos, igual de bien que con mi pequeña “aDOSlescente”. Por lo pronto, el nonato que habita mi tripa ya le ha pedido a los Reyes Magos un precioso biberón para hacer lactancia mixta desde el principio. Con las “ventanas del sueño” continuaremos igual, decidiendo cuáles abrir y cuáles no. Mi hija aún recuerda esa verbena de verano, donde estuvo bailando con su amiga hasta las tantas. ¡Hasta jugó al bingo con su padre y les tocó! Lo de los juegos del azar… cuestionable también, supongo. Pero, ¿y lo graciosa que estaba abanicándose con esos dos billetes de 50 €? Creo que, mientras lo razonemos con ella y no la obliguemos a no jugar con un “porque yo lo digo”, estas timbas de bingo no la arrastrarán a la ludopatía… En lo de los besos sí que soy inamovible; nada de besos por compromiso. Ella sola va aprendiendo así lo que es el afecto y el consentimiento. El otro día, por ejemplo, vi orgullosa como le daba un abrazo y un beso enorme a su abuela mientras esperaba a que le abriera el segundo Huevo Kinder de la semana. Estaban tan entrañables, sentadas en el sofá viendo por tercera vez el mismo capítulo de Dora la Exploradora…
Ups.
Publicado el 21 de noviembre en el periódico La Comarca





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